La degradación institucional. Existen ejemplos muy recientes y estudios muy sólidos que nos alertan del precio que todos pagamos por ello. Debemos estar alerta.
Decía Kissinger que “para estar totalmente seguro de algo, uno debe saber o todo o nada sobre el tema”. De ahí puede colegirse que el conocimiento, en general, conduce a la duda razonada, y la ignorancia, a la total seguridad (no conozco a nadie que lo sepa todo sobre algo). En política, los planteamientos populistas se generan en todo tipo de partidos y países y suelen ser presentados con enorme e ignorante aplomo, siguiendo la máxima de Kissinger. Sin embargo, el tiempo y la historia ponen a todo el mundo en su sitio.
Hace tiempo que los académicos han intentado cuantificar el impacto que el populismo produce en el bienestar de los ciudadanos, medido sobre todo en renta per cápita. En 2023, un paper publicado por la American Economic Review (Funke et al.) mostraba que, según sus cálculos, una cuarta parte de las naciones del mundo estaban entonces gobernadas por regímenes populistas. Analizando series de datos entre 1900 y 2020, y naciones gobernadas por líderes populistas frente a otras gobernadas por líderes de perfil más técnico, los autores llegaron a la conclusión de que al cabo de quince años la evolución del PIB per cápita en los países “populistas” era un 10% inferior al correspondiente en los países “no populistas”. El mecanismo que produce esta desgracia suele ser la desintegración económica, una menor estabilidad y la erosión de las instituciones, esto último en línea con las investigaciones del reciente premio Nobel Daron Acemoglu, autor de Por qué fracasan las naciones.
Podemos definir por ejemplo el Brexit como un ejercicio de populismo. Se planteó a los británicos que, para afrontar un problema complejo — estancamiento de la renta per cápita desde 2008, crisis de identidad e incremento de las desigualdades de renta, riqueza y territorio—, bastaba con identificar un “culpable” (Europa) y proponer una solución sencilla: abandonar la Unión Europea. ¿Es relevante el comercio con Europa como fuente de riqueza? No importa, se afirmó, podemos comerciar con Australia, Canadá, la India o EEUU, sin explicar que el comercio viene sobre todo determinado por la proximidad (por ejemplo, España exporta más a Portugal que a toda América Latina), y que la consecuencia de un Brexit “duro” (sin unión aduanera) supondría un empobrecimiento colectivo. Nueve años después de la decisión, la Universidad de Stanford, ha publicado un paper titulado The Economic Impact of Brexit (Bloom et al.) en el que analiza el impacto que el Brexit ha tenido en el crecimiento del PIB per cápita. La conclusión es que la evolución ha sido entre un 6% y un 8% peor que la que se hubiera conseguido de haberse mantenido el statu quo anterior, con la inversión desplomándose entre un 12% y un 18% y un pésimo comportamiento de la productividad y empleo, ambos cayendo entre un 3% y un 4%. El Brexit ha sido un desastre económico.
Por si fuera poco, la Administración de la primera ministra Liz Truss aplicó en 2022 el concepto de Britain Unchained (Reino Unido desencadenado) desarrollado en un libro homónimo de tono marcadamente utópico cuyo autor, Kwasi Kwarteng, fue nombrado ministro de Hacienda (Chancellor of the Exchequer, denominado así por las tablas de cálculo medievales). El resultado fue el famoso presupuesto presentado ese año, basado en bajar impuestos sin recortar gastos, presupuesto que llevó a una crisis fiscal sin precedentes al Reino Unido y que provocó la intervención de urgencia del Banco de Inglaterra. La situación solo se pudo salvar con la dimisión de la primera ministra y de su populista canciller.
En EEUU aún se recuerda al presidente Andrew Jackson, que desató una guerra populista contra el proto banco central de EEUU (Second Bank of the United States) en 1837 de la que se derivó una de las peores recesiones de la historia del país (se estima que el PIB se contrajo entre un 25% a un 30%, frente a un 4% de contracción durante la gran crisis financiera de 2008-9). A pesar de su desgraciada acción, Jackson sigue siendo una figura admirada por el populismo estadounidense.
Aunque son muchas e intensas las políticas de la Administración Trump que pueden ser calificadas de populistas (especialmente su desbocada política fiscal), los masivos recortes en investigación y desarrollo, y los recientes ataques totalmente heterodoxos a la independencia de su banco central presentarán también una factura considerable en forma de menor nivel de generación de patentes, fuga de cerebros y mayor expectativa de inflación. Y como consecuencia de todo esto, un mayor tipo de interés de largo plazo, creciente amenaza al papel del dólar como divisa de reserva y menor crecimiento asociado a la erosión institucional.
Como he expuesto al principio, el populismo no es patrimonio del Reino Unido o de EEUU. Se da en muchos partidos y en muchos países, incluido el nuestro. Lo que todos tenemos que tener presente con estos ejemplos es que la investigación académica muestra cómo de las políticas populistas se deriva sobre todo una erosión institucional que nos hace a todos más pobres.
Ese es el precio del populismo.