El ajustado recuento electoral de las elecciones norteamericanas supone un impacto directo sobre diferentes ámbitos de la economía doméstica e internacional.

Observemos los más relevantes:

Primero: la enorme polarización evitará aprobar planes masivos de estímulos fiscales como los que contemplaba en su programa Biden (cuatro billones), ya que este escenario requeriría de una mayoría demócrata en la Cámara y en el Senado. Salga quien salga, tendrá que pactar, lo que se traducirá en un programa más modesto. La implicación es que la debilidad prevista para el dólar ocurrirá, pero en menor intensidad. Además, una menor oferta de bonos norteamericanos para financiar el déficit fiscal provocará que su precio caiga menos de lo que habían descontado los mercados… en otras palabras, los tipos de interés de largo plazo subirán menos de lo estimado. Por lo tanto, la curva de tipos (diferenciales entre tipos a corto y a largo) no agudizará su pendiente tanto como se estimaba.

Segundo: la política monetaria de la FED seguirá siendo continuista gane Biden o gane Trump. La FED ha anunciado un cambio estratégico en su política. Ahora permitirá con tipos bajos y con su enorme balance el que el desempleo siga disminuyendo, que éste se traduzca eventualmente en mayores salarios, y que estos a medio plazo desemboquen en una mayor inflación. El objetivo máximo del 2% ha sido abolido, ahora habla de un objetivo «simétrico» del 2%. La FED tolerará inflaciones entre el 2% y 3% a medio plazo con independencia de quién salga elegido.

Tercero: la configuración sectorial de la economía de los EEUU podría variar en función de qué administración salga elegida. El programa de Biden contemplaba inversiones «verdes» por un valor cercano a dos billones (españoles) de dólares. El de Trump era más cercano al importante sector del fracking de petróleo y gas. En cualquier caso, salga quien salga, la nueva administración será más hostil a los gigantes tecnológicos. La vivienda debería verse beneficiada de un contexto de tipos de interés de corto y de largo plazo bajos durante mucho tiempo, así como activo refugio frente al riesgo de inflación.

Cuarto: el mercado había castigado con intensidad a la lira turca y al rublo ruso, descontando el que una administración demócrata será mucho más dura con ambos países en formas de sanciones, por diferentes motivos geopolíticos. Si resultase finalmente ganador Trump podrían observarse repuntes en ambas divisas.

El buen liderazgo de una nación desemboca en un mayor bienestar del país expresado en el PIB per capita y en forma de menor desempleo. La renta per capita de los EEUU es de unos 60.000 dólares, la de España, la mitad, y la de China, una sexta parte. Veamos si el futuro refleja tan glorioso pasado.